Las Fiestas suelen generar en las personas un estado de ansiedad. Una suerte de euforia, depresión, optimismo, pesimismo, alegría y tristeza se mezclan por la proximidad del fin de año y la llegada del nuevo. Los eufóricos son los más propensos a los excesos y tienen a menudo la sensación de que el mundo puede desaparecer, por lo tanto, abusan de las comidas, de las bebidas y no miden las consecuencias. Estos desbordes arrastran a veces a los más chicos que son con frecuencia víctimas de la pirotecnia. Por esa razón, siempre es positivo prevenir con tiempo a la población sobre los riesgos de estos abusos o sobre el empleo de los cohetes que traen una cuota de alegría y de desdicha.

La Municipalidad de San Miguel de Tucumán les ha dado plazo hasta el 15 del corriente a los comerciantes interesados en vender pirotecnia para obtener el permiso y la habilitación de locales. Como se sabe, está prohibida la venta de cohetes en el cuadrante comprendido por calles Santiago del Estero, Salta, Jujuy, General Paz, y las avenidas Sáenz Peña y Avellaneda. También están inhabilitados para esta actividad edificios de propiedad horizontal, casas, oficinas, playas de estacionamiento y sectores aledaños a súper o hipermercados y los locales deben estar a 50 metros, como mínimo, de las estaciones de servicios, hospitales públicos y centros de alta concentración urbana. Las paredes, pisos y techos del local deben ser de mampostería, y los focos tienen que estar cubiertos por carcazas acrílicas; deben contar con baldes con arena, matafuegos, luces de emergencia y los carteles reglamentarios.

Las guardias de los hospitales suelen ser las cajas de resonancias de los accidentados. De acuerdo con estadísticas oficiales a nivel nacional, en las celebraciones de Navidad y de Año Nuevo las zonas del cuerpo más afectadas por explosivos, como cohetes, cañitas voladoras, petardos y fuegos artificiales, son las manos, los ojos y la cara representan. Los chicos suelen ser víctimas de quemaduras y de pérdidas de dedos u ojos, a causa de estos incidentes. Un tercio de las lesiones oculares provocadas por la pirotecnia o por los corchos derivan en ceguera. La presión de un corcho de una botella espumante es tres veces mayor a la de un neumático de un auto, por lo que las precauciones deben extremarse al destapar bebidas.

Entre otras cosas, se recomienda el uso de artículos de pirotecnia aprobados por el Ministerio de Defensa, no permitir que los menores manipulen dichos elementos sin la supervisión de un adulto responsable; no agitar las botellas antes de abrirlas: emplear un repasador para cubrir el corcho y jamás mirar la botella. También se aconseja que si se produce una herida en un ojo, es preferible no tocarlo, sino cubrirlo con una gasa y acudir inmediatamente a un especialista o un centro asistencial.

Faltan poco más de dos semanas para la Nochebuena. Sería positivo si desde el Estado se concientizara a la población sobre los riesgos del uso de la pirotecnia, así como sobre los excesos gastronómicos. A menudo se suele reaccionar cuando los hechos ya han acontecido y en ocasiones, suele ser demasiado tarde.

Si la prevención formara parte de nuestra cultura, posiblemente sería mínima la cantidad de víctimas de los excesos durante las Fiestas. Como suele decir el refrán, es mejor prevenir que curar o lamentar. Sería bueno que siempre lo tuviésemos en cuenta.